30 septiembre 2015

CUANDO FINALIZA SEPTIEMBRE...





Cuando finaliza septiembre y las sensaciones otoñales empiezan a ser más perceptibles, las calles y plazas del pueblo se recogen en el silencio bajo la alargada sombra. Parece que la vida se nos va apagando de manera irremediable, pero ante ello, el ser humano puede controlar sus actitudes. Podemos llegar a obsesionarnos con el final o bien aprovechar el presente para disfrutar, ya que éste es el único que existe y en el que podemos elegir.
La foto antigua de este mes está dedicada a mi familia, a los que se han ido, ya que justo hace un año por septiembre nos dejó Pilar, mi tía.
En el mismo lugar que la anterior, Plaza del campillo, se halla una de las zonas más concurridas del pueblo por los pequeños, quieres le dan alegría y vida a este parque.
Observando desde la atalaya de mi otoño el recuerdo de estos seres tan queridos, percibo las semillas que cada instante compartido fueron sembrando en mí: ellos hicieron que Salinas me gustara entonces y cada vez más con el paso de los años. Pero hay además hay valores y actitudes transmitidas: el esfuerzo personal por superar los obstáculos diarios, el ofrecimiento de ayuda a los demás y el regalo de la sonrisa.
Ahora que el otoño nos envuelve con su hojarasca ocre, lo fácil es dejarse llevar por el viento, replegarse, resignarse, pero hay otra actitud, quizá para algunos ilusa, pero que permite disfrutar de cada instante. Quizá cueste más por la falta de costumbre, pero todo es practicar. Si contemplamos el presente como el único momento en el que realmente podemos disfrutar del lugar y de las personas con las que convivimos, hagamos agradable el instante y construyamos con ilusión el día a día.
Es difícil congeniar cuando alguien se cierra a nuevas ideas con intransigencia, cuando se quiere imponer al otro, pero éso, aunque pueda ser un signo de debilidad o egoísmo, no se desarma con el enfrentamiento. Más bien al contrario, será el reconocimiento de las ideas del otro y la búsqueda de la empatía, lo que puede producir acercamiento. 
Parece que la sociedad actual ha perdido los valores de la solidaridad, parece que lo personal y lo lúdico está por encima de todo. Queremos manifestarnos autosuficientes y no necesitamos del vecino o vecina. Pero cuando alguien nos ayuda o nos regala simplemente una sonrisa, lo agradecemos, ya que son bienes cada vez más escasos. 
Esta es una actitud que me enseñaron mis seres más queridos y que podemos compartir este otoño antes de que los árboles se queden desnudos.