21 febrero 2016

FEBRERO, EN EL CORAZÓN DEL INVIERNO SE NOS FUE JUAN ANTONIO



Parece como si el destino hubiera querido que hasta hoy, día muy triste para todos los vecinos y vecinas de Salinas por el fallecimiento de Juan Antonio Lombraña, me hubiera detenido para subir al blog un pequeño texto acompañando a la imagen del calendario correspondiente a febrero.

En esta ocasión, deseo compartir algunas reflexiones personales y sentimientos vividos hoy mismo, así como dedicar con mucho cariño estas líneas a Juan Antonio, a su hermana Sarín y a su familia.

Creo que a todos nos llena de profunda tristeza perder a un vecino tan querido, una persona como Juan Antonio que regaba cada relación con enorme humildad y simpatía, con predisposición ante cualquier tarea que se le propusiera, regalando entusiasmo por las cosas sencillas de la vida a través de su gesto amable.  Hoy nos hemos congregado en la iglesia muchísimas personas, demostrando un afecto y agradecimiento por todo lo que nos ha dado a cada uno a lo largo de su vida y compartiendo el dolor con su familia.

Un dolor y una tristeza que nos embargan, nos paralizan, pero quizá sirva de alivio el mensaje de D. Juan, el sacerdote, cuando con profunda emoción nos ha hablado de la maqueta de la vida que fue construyendo día a día Juan Antonio y el ejemplo personal que para todos puede suponer. De forma paciente y meticulosa pulía cada piedra de sus maquetas para configurar un bello edificio, del mismo modo, cada día construía en sus relaciones diarias el sentimiento colectivo de pueblo, contribuyendo a extraer los valores que unen y los afectos entre todos.

En el corazón del invierno la muerte se lo ha llevado de nuestro lado, pero hoy, el cielo de Salinas estaba limpio de nubes, totalmente soleado, como si quisiera acoger con cariño y gozo a nuestro querido Juan Antonio para proporcionarle el regalo de un descanso eterno.

Es grande el legado que nos deja a través de sus innumerables maquetas, pero más importante es el ejemplo y la actitud positiva ante la vida con sus retos diarios. Personalmente me enseñó que resulta muy gratificante seguir aprendiendo diariamente a pulir cada pequeña piedra de nuestra maqueta individual y colectiva de vida, sin desánimo a pesar de los errores, con ilusión y tolerancia con los demás. Es fácil despreciar una pequeña piedrecilla de nuestro camino, pero en muchas ocasiones, con un poco de dedicación, descubrimos que esa piedrecilla llega a ser un elemento enriquecedor de nuestra configuración como personas y como pueblo.

Muchas gracias Juan Antonio por todo lo que nos has regalado, ahora no estás con nosotros, pero permanecerás en el corazón de cada uno de nosotros. 




ADIOS, MAESTRO



Dedicatoria postuma a Juan Antonio Lombraña 
(por Luis Robledo).

Conocí a Juan Antonio Lombraña hace no demasiados años, al construir en Salinas de Pisuerga nuestro refugio familiar de verano.

Me acerqué a él atraído por su interesantísima obra artística. Digno de admiración su maravilloso trabajo de maquetista, reproduciendo en piedra, en principio el rico tesoro del románico de La Montaña Palentina, para ir abriendo posteriormente el abanico a otros lugares de interés. Fui buscando al artista y encontré, además, un amigo de los de verdad.

He seguido muy de cerca y fotografiado la primorosa labor de este inventor de miniaturas, siguiendo las distintas fases de su proceso constructivo. También he disfrutado con él cuando vió reconocida y recompensada su labor en determinadas exposiciones. No en el número justo que su creación merecía, esa es la verdad.

Hombre íntegro, extraordinario artista y amigo cordial e inquebrantable, siempre dispuesto a echar una mano a quien de él necesitara. Afable en el trato, afectuosa su actitud personal, marcó un ejemplo a seguir.

Se ha ido en silencio, de la misma manera en la que transitó por este mundo. Fue su norma de vida.

En su etapa laboral alcanzó el grado de Maestro albañil, la misma maestría perfeccionista que demostró en diversas actividades en los distintos trabajos artesanales que acometió, como maquetista y en otras labores en las que vertía su habilidad y su don creativo.

Con ese mismo rango jerárquico le saludaba yo siempre. Él se sonreía y callaba. Lo aceptaba de buen grado. Entendía el tono en el que se lo decíamos Maxi García y yo. Sabía que era un apelativo de respeto, aunque cariñoso.

La última vez que le vi, en persona, fue en fiestas de Navidad, en una parada fugaz en Salinas, para hacerle entrega de un calendario con temas de su pueblo que, en colaboración con Iñaki Torices, hemos realizado para los amigos. Estaba acatarrado, pero bien de salud.

Un día del pasado mes de enero, la intervención de Maxi resulta providencial. Contesto al teléfono de éste y me encuentro con la voz del Maestro, quien me da el primer y desgarrador aviso: Estoy ingresado en Palencia, estoy un poco mal, Luis. Esas y pocas más fueron sus lacónicas palabras. Efectiva y desgraciadamente, no se encontraba bien. Nadie podía imaginar un mal tan grave y tan fulminante.

Por desgracia, los pronósticos diagnosticados han resultado certeros y el Maestro nos ha dejado huérfanos de su compañía para siempre.

El mismo Maxi es quien me da la angustiosa noticia de su óbito, no por esperado, tan triste y doloroso.

Gracias Maestro por tu amistad, por tu saber estar y por tu arte. Siempre tendrás reservado un rincón preferente en nuestros corazones.

A través de estas líneas quiero expresar mis sinceras condolencias a Sarín, su hermana, a su familia y a Jose y Maxi García que han sido un esencial apéndice de los Lombraña y continuarán siéndolo a través de Sarín.
Luis Robledo

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